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Libros para viajar a Sevilla

¡Cada mes comentamos un libro con el que viajar a Sevilla, ya sea desde el sofá, o con él en la maleta!!

Hoy “Venganza en Sevilla”, de Matilde Asensi. Segunda entrega de la saga de Martín Ojo de Plata. No cuento nada para no arruinar las tramas tanto del primero, Tierra Firme, como de este. Sólo diré que es una lectura divertidísima y trepidante, un folletín de aventuras clásico, con tesoros piratas, dobles identidades, nobles malvados, galeras y galeones, islas desiertas, y lances de espadas…Sumamente adictivo. En esta ocasión toda la trama se localiza en Sevilla a principios del Siglo XVII, y no nos podemos resistir a la pintura que nos presenta Asensi del puerto del Arenal, de la cárcel real, de la sociedad nobiliaria, y de la de los buscavidas y pícaros, y por supuesto, del brutal contraste entre la riqueza que llegaba de América y la total pobreza de los miserables, en el Siglo de oro de las artes.

La autora hace un gran trabajo de documentación para hacernos testigos de la llegada de las flotas de Indias a Sevilla, de cómo se organizaban las mercancías, del funcionamiento de las instituciones sevillanas cuando la ciudad era una metrópolis decadente, cosmopolita y superpoblada, con un marcado carácter marinero, muy distinta a la actual y que sin embargo conforma la identidad y la fisonomía de la ciudad.

Un libro para viajar a Sevilla y para viajar en el tiempo.

De todas formas, es más que recomendable empezar la saga por el primer libro, Tierra Firme, que nos trasladará al Caribe colonial, y que nos permitirá conocer la curiosa historia de Catalina de Solís y de Martín Nevares y el origen de ambas identidades, y ya os garantizo que no podréis dejar de leer la saga completa y que cuando se os acabe La Conjura de Cortés os quedaréis con ganas de más, y un buen puñado de horas de pura diversión lectora.

¿Os gusta tanto como a nosotras leer cómo podía ser el pasado de esta ciudad?

Libros para viajar a Sevilla

Estas disposiciones no fueron duraderas ni eficaces, pero nos habla de unos hechos a menudo desconocidos y de los que no se suele hablar, ni siquiera en los centros educativos. Pero merece la pena imaginar una Sevilla con un porcentaje llamativo de población negra, muchos de ellos llevando una carimba en el rostro, tal vez con el anagrama “ESCLAVO”, una S y un clavo (la primera que aparece en la imagen); aunque el carimbo se usó mayormente en las colonias americanas, mucho más difíciles de controlar por las autoridades. Otra curiosidad es que los hierros de carimbar se guardaban bajo llave en dependencias administrativas de la autoridad, o sea, que la carimba estaba perfectamente regulada por las leyes, y era como nuestros sellos de aduanas o de control de la CE o la matrícula en los coches, pues no se les consideraba más que mercancía. Y, además, por mandato real, los custodios y encargados de carimbar no podían cobrar por ello o cobrar, en todo caso, muy poco para evitar que se convirtiera en un negocio, como ya había ocurrido en algunos lugares.

Hasta 1679 no se suprimió la esclavitud indígena en los dos virreinatos y el carimbo aún tardaría un siglo más en ser prohibido completamente, ya en época ilustrada.