Pedro I, ¿el Justo o el Cruel?

Pedro I de Castilla reinó en Castilla y los territorios conquistados desde 1334 hasta su fallecimiento en 1369.

Antes de adentrarnos más en unos de los reyes más pintorescos de la historia española, debemos situarnos en qué momento histórico nos encontramos.

 

S.XIV, España aún seguía estando dividida en diferentes reinos: Castilla, Navarra, León y Aragón como reinos cristianos. De los reinos musulmanes, tres de ellos fueron conquistados por Fernando III de Castilla en 1248: Reinos de Sevilla, Cádiz y Córdoba. El Reino de Granada era el último en pie.

Pedro I era el único hijo legítimo de Alfonso XI, su predecesor. Por ello, era el heredero al trono de Castilla y los territorios que fueron conquistados por su antepasado Fernando III.

A diferencia de otros reyes, Pedro I pensaba que cualquier persona podía ejercer cualquier oficio y tenía los mismos derechos que otra. Por ello, para él, judíos y musulmanes podían alcanzar la posición social que fuera fruto de su trabajo. Este es el motivo por el cuál fue llamado el justo. Durante su reinado, judíos y musulmanes vivían de forma libre, sin necesidad de pagar más impuestos o realizar labores específicas por su religión.

Esto no agradó ni a la iglesia ni a los nobles, ya que desde su punto de vista éstos eran inferiores a los cristianos. Y mucho menos cuando Pedro I se propuso quitarle los privilegios al clero y la nobleza.

La situación incómoda que existía entre las clases sociales se extiende más allá del reino cuando Pedro I protege al rey musulmán de Granada de los otros reinos cristianos.

Y mucho menos mejora cuando, tras el terremoto de 1356, se destruye gran parte del Palacio de la Bendición (palacio musulmán del que se conservan algunos vestigios que se encuentran actualmente en los Reales Alcázares de Sevilla) y Pedro I decide construir un nuevo palacio en Sevilla. El problema es que no va a construirlo en estilo cristiano, sino en estilo mudéjar. No tranquilo con eso, además, solicita ayuda a su amigo, el rey de Granada Mohamed V, para construirlo.

Lleno de escrituras y decoración musulmana, esta decisión escandalizó a toda la nobleza y sociedad cristiana de la época.

Si parecía que no podía ganarse más enemigos, sus diez hermanos bastardos, hijos de su padre el rey Alfonso XI y su amante Leonor de Guzmán, convencen al clero y la nobleza para que apoyasen a Enrique, el tercero de los bastardos, en una guerra para derrocar al rey cruel. Enrique era el tercero de los hijos bastardos de Alfonso XI y su amante, pero fue elegido ya que Pedro Aguilar, el mayor de los hermanos, había muerto a los 8 años y su hermano Sancho, 2 años mayor que Enrique, era mudo.

Así comienzas las peripecias del Rey Cruel o Justo: guerra contra los bastardos, guerra con Aragón, Cortes de Valladolid, el conflicto con Francia tras la muerte de Blanca de Borbón y muchos otros frentes políticos abiertos.

No solo en la política Pedro llevaba una vida complicada, también lo trasladó a su vida amorosa.

Existen diferentes crónicas, en las que se le reconocen hasta 3 esposas, pero la única reconocida por la ley canónica es su esposa Blanca de Borbón.

Este matrimonio fue fruto de los deseos de Pedro I de mantener buenas relaciones con el reino francófono. Sin embargo, sus planes se vieron frustrados cuando su esposa llegaba sin dote y de mano de su hermanastro Fabrique.

Tras algunos años, sin haberle dado ningún hijo, Pedro I decide matar a Blanca de Borbón por infiel. Llamó a su hermanastro a palacio, quien era por entonces el Maestre de la Orden de Santiago, y en los Reales Alcázares de Sevilla, con su propio puñal, asesinó a Fabrique.

Se le conoce otra esposa, no reconocida por la ley canóniga, Juana de Castro, otro de los caprichos del rey, muy conocido por ser un mujeriego y por sus amores imposibles.

Sin embargo, de entre todas esas mujeres que le robaron el corazón, la más famosa y conocida historia de amor del monarca, es su relación con María de Padilla.

A pesar de las pasiones del rey y sus anteriores matrimonios, María de Padilla fue la mujer de su vida. Su amor era tan fuerte, que solicitó a sus cortes que reconocieran su matrimonio con ella, aunque éste jamás su hubiera celebrado, para que ella fuese reconocida como su reina y sus hijos ilegítimos fueran los herederos al trono.

Es irónico que la única esposa y reina de Pedro I esté enterrada en el monasterio de San Francisco de Jerez de la Frontera, mientras que su eterna amante está enterrada junto a él en la Capilla Real de la Catedral Santa María de la Sede de Sevilla.

Lamentablemente, a pesar de su lucha, Pedro I fue asesinado por su propio hermanastro, Enrique, quien se convierte en el primer rey del linaje Trastámara, Enrique II de Trastámara, siendo un hijo ilegítimo.

¿Cruel o justo?

Es complicado posicionarse a un lado u otro de la balanza teniendo en cuenta que Pedro I asesinaba a todo aquel que no estuviera su favor. Era una persona con un carácter rudo y severo, aunque presentaba muchas características propias de un gran rey: equitativo, estratega, poco visceral.

De lo que si podemos estar seguros es de que, a lo largo de la historia española, no ha habido ningún rey que pensara que todos somos seres humanos, independientemente de en lo que creamos. Parar ser un rey del S.XIV, estaba muy adelantado a la época.

Por eso, todo depende de la perspectiva: a los ojos de los nobles y el clero, Pedro era muy cruel; para los judíos y musulmanes que vivieron libremente durante su reinado, Pedro era muy justo.

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